Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.
(Mateo 3:2)
Las Escrituras, a través de las palabras asignadas para el arrepentimiento, nos muestran el camino que debemos seguir en nuestro retorno a Dios.
Pablo escribió claramente que:
Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. (Romanos 3:23)
No hay doble lectura en esto, todos necesitamos arrepentirnos. Aún si ya hemos llegado a un nivel de arrepentimiento que creemos que es superior, nos falta; aun si creemos en Yeshúa y nos hemos arrepentido, tenemos mucho por qué arrepentirnos todavía.
“Podemos pensar que nos hemos arrepentido, y aún no haber retornado a Dios. Y podemos pensar que hemos retornado a Dios, y aún tener mucho de qué arrepentirnos.”
Existen dos palabras claves para el arrepentimiento que ya hemos mencionado, estas son: arrepentimiento (jaratá) y retorno (teshuvá) a Dios. Así lo vemos en el siguiente pasaje:
Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio. (Hechos 3:19)
La palabra jaratá (חרטה) en hebreo o metánoia (μετάνοια) en griego para arrepentimiento nos muestran el significado de arrepentirse o retractarse de nuestras malas acciones o pensamientos, en griego significaría un “cambio de mente”. Luego, la palabra para retornar, teshuvá (תשובה) o epistrépste (επιστρέψτε), tanto en hebreo como en griego correspondientemente, implican la misma idea de volver o dar media vuelta y retornar.
Nos arrepentimos para volvernos a Dios. El mensaje es claro.
Ahora estudiaremos sobre el arrepentimiento o jaratá desde el libro Orjot Tzadikim, “El sendero de los justos”.
El arrepentimiento
El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.
(Proverbios 28:13)
El arrepentimiento es la actitud que adopta el hombre al retractarse de algo incorrecto que haya hecho y es la reacción apropiada para realizar Teshubá (retorno), pues quien peca y se retracta es como si no hubiese pecado. De hecho, es imposible realizar Teshubá sin arrepentirse de los errores cometidos ya que estos no se pueden expiar sin arrepentirse.
Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. (1 Juan 1:9, NVI)
Tampoco la plegaria es aceptada si el hombre no se arrepiente, pues ¿cómo puede expresar las frases “perdónanos Eterno porque pecamos”, y no se arrepiente de sus transgresiones? Esto se puede comparar con un sirviente del rey que cometió un error y se disculpa ante su ante el rey. Si dicha disculpa no es auténtica y vuelve a cometer el mismo error, causará que el rey se enfurezca aún más con él. Asimismo, aquel que roba algo de otro y se disculpa ante el rey diariamente empero continúa robando, indudablemente con dicha actitud provocará que se encienda más aún la furia del rey en su contra.
Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón. (Proverbios 28:13, NVI)
Por todo lo dicho, debe arrepentirse y rogar que se expíen sus pecados, asumiendo que no volverá a cometerlos y entonces, su plegaria será aceptada.
Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.
(Hechos 3:19)
Empero, quien realiza una buena acción y se arrepiente de la misma, es esto considerado sumamente negativo, por lo que es preciso cuidarse de no retractarse de una buena acción para no perder la recompensa que ella genera. Si por -ejemplo- le diste caridad a un hombre pobre y posteriormente éste provoca tu enojo, debes poner cuidado en no arrepentirte de la caridad que le diste, pues siendo que en el momento que se la entregaste tu intención fue cumplir un precepto, posees recompensa por dicha acción.
Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón. (Hechos 8:22)
En general, esta actitud -el arrepentimiento- es sumamente innoble si la persona no posee estabilidad en sus decisiones y permanentemente asume decisiones de las cuales posteriormente se arrepiente. Si promete ayunar o hacer una caridad o estudiar Torá y se arrepiente, esto es muy negativo.
Y así como es una buena actitud arrepentirse de las transgresiones cometidas, es bueno sostener las decisiones adoptadas y no modificar constantemente las actitudes y el accionar.
En realidad, esto se puede considerar como el bien definitivo, reflexionar y asumir aquellos rasgos y actitudes positivos para el alma y adoptarlos, meditando previamente sobre si podrá mantener dicha decisión.
No debe cambiar permanentemente sus decisiones y conductas, pues la inestabilidad es un rasgo muy indigno, haciendo del hombre alguien despreciable ante los demás, aún si cambia una buena actitud por otra asimismo positiva, pues –demuestra- que no posee fundamento en sus cosas, y por lo tanto no se puede confiar en él.
Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón!
(Santiago 4:8, NVI)
Por ello, hombre, retorna mientras puedas arrepentirte y no lo dilates hasta la misma tumba, pues entonces te arrepentirás, pero dicho arrepentimiento no será válido.
Rásguense el corazón y no las vestiduras. Vuélvanse al Señor su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, cambia de parecer y no castiga. (Joel 2:13, NVI)
Si hiciste algo contra tu compañero, arrepiéntete y busca su disculpa. Y si tu compañero se comporta mal contigo y se arrepiente, acéptalo.
Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. (Lucas 17:3)
Y aún si albergaras dudas sobre la sinceridad de su arrepentimiento, si él te pide disculpas, acéptalo y si reprendiste a tu compañero en forma drástica haciendo que éste te rechace, como lo expresara David: «… ¡¿Y -no debo- disgustarme contra los que se levantan contra mí?!», (Salmos 139, 21), no te arrepientas de dicha disputa, pues de arrepentirte y pedir sus disculpas lo afianzarás en su error.
Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete. (Apocalipsis 3:19, NVI)
Debemos ser firmes frente a la reprensión al prójimo de ser necesaria, pero ser nuestra actitud debe reflejar el carácter y el propósito del Creador:
Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad.
(2 Timoteo 2:24-25)
El arrepentimiento es el camino que conduce hacia todas las buenas acciones. Si eludió el estudio de la Torá debe arrepentirse de dicha actitud y decidir estudiar Torá con todas sus energías. Si no pronunció sus plegarias con suma concentración, debe arrepentirse y pensar: «¿Qué es lo que hice? En lugar de adquirir el mundo futuro me preocupé por vanidades.» Y si ya alcanzó la madurez, debe arrepentirse por el tiempo perdido en el que no sirvió al Todopoderoso.
Les digo que así es también el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepienta, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse. (Lucas 15:7, NVI)
Se debe tomar como regla de suma importancia, pensar en todo aquello que haya realizado y en los preceptos en los que no fue cuidadoso y arrepentirse por cada uno en particular, asumiéndolos y amonestándose a sí mismo por no haber buscado cumplir con la Voluntad del Eterno, Bendito Sea; pues, ¿cómo dejó de observar las palabras de los sabios y sus buenas enseñanzas? De esta manera el arrepentimiento se convierte en una gran herramienta para el perfeccionamiento del hombre en la observancia de los preceptos.
Por tanto, confesaré mi maldad, y me contristaré por mi pecado. (Salmos 38:18)


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